Sobreviviendo a la Tormenta
- Jackie Sanz
- 23 ago 2017
- 3 Min. de lectura

¿Te puedes imaginar lo que significa perder la vida estando vivo? ¿A qué me refiero? ¡Déjame contarte! Exactamente hace un año, pase 24 horas inconsciente sin saber mi nombre, sin reconocer a las personas que me rodeaban como mis padres, mis hermanas, mis cuñados... ¡mi propio esposo! ¡Es como volar en tercera dimensión! En mi inconsciencia solo veía luces de colores, y sentía las manos de mi familia sobre mi cuerpo y hasta llegaba a escuchar palabras, pero no lograba entender lo que me decían. Reaccione por 30 segundos quizá, escuchando a mi esposo decir: tranquila todo está bien, me tenía sujeta de la mano mientras yo lograba captar que ya estaba en la cama de un hospital, desmaye y no supe nada más hasta el día siguiente. Sentía mi espíritu tan abrumado, en realidad estaba perdiendo el aliento de vida pero en ¡vida! Es decir no moría pero sentía m
orir. Una semana después cuando creí que empezaría mi recuperación vinieron cosas peores, mis noches no eran tranquilas, tenía crisis de pánico, ansiedad, miedo a la muerte y empezaba a entrar en depresión.
Entonces tenía frente a mí, dos caminos: Sobrevivir o hundirme en la tormenta. Decidí la primera, pues Dios había determinado hablarme y hacerme entender su perfecto plan en mí. Entendí que tenía que pasar por esa situación para ser radical en mi caminar con él, para decir le creo a Dios con todo lo que eso implica y no solo de labios, entendí que aún ese problema sería usado para hacerme crecer espiritualmente, y que a veces es bueno estar al borde de la muerte para dejar que Dios te moldee.
Por eso el día de hoy te quiero decir que “no basta con decir que tenemos Fe, basta con demostrar nuestro grado de fe”.
Recuerdas la historia de Job, este hombre de fe inquebrantable, íntegro, recto, y temeroso de Dios. Pero que no imaginaba siquiera todo el mal que le vendría, y aun así cuando el problema llego, él no dudo de Dios, ni renegó de él, Job entendía que si recibíamos felizmente el bien de Dios porque nos rehusamos a recibir el mal (Job 2:9-10). Job le rogaba que tuviera compasión de él, aun cuando sentía que no lo escuchaba y que Dios había guardado silencio. Lloró, sufrió, se sintió abandonado, rechazado, enojado, triste, solo, totalmente sí, pero así como Job, tú y yo debemos entender que aún Dios se manifiesta en medio de la ausencia, como en el ¡silencio! Es necesario que entendamos que somos seres pequeños que absolutamente necesitamos de Dios en todo y que aceptar dejarnos moldear por Dios no es sinónimo de derrota sino más bien de victoria.
Al final Job sencillamente dijo:
“De oídas te había oído; mas ahora mis ojos te ven.
(Job 42:5)
Y si, es normal acercarnos a Dios, con preguntas, miedos y dolor, pero lo que no debe ser normal es perder nuestra fe, sé que en momentos de prueba esto es demasiado fácil porque no entendemos el propósito de dicho sufrimiento, por eso fortalezcamos nuestra fe para aquellos días en los que tengamos que librar batallas.
Sé valiente y entiende tu propósito, confía en Él con todo tu corazón, déjate moldear, no te resistas y permite que sea cumplido su plan en ti.
No temas, estoy contigo. Yo soy tu Dios, no tengas miedo. Te fortaleceré, sí, te ayudaré. Te salvaré con mi mano victoriosa. (Isaías 41:10)
Recibe un fuerte abrazo de tu amiga,
Jackie Sanz