¿A Quién Te Pareces?
- Suhail Gómez
- 1 nov 2017
- 2 Min. de lectura

Mientras escribo este devocional me encuentro sentada en un avión camino a Pennsylvania. Como tengo por costumbre, siempre me llevo uno de los libros que estoy leyendo en ese momento para no interrumpir la lectura. Esta vez, mientras leía mi libro, una frase del mismo cautivó mis pensamientos y tocó profundamente mi corazón. Quisiera compartirla contigo. “Nos volvemos conforme a la imagen de aquel a quien adoramos” (José Luis Navajo del libro “Desde la sala de espera de mi viejo pastor”) Esta frase hizo que detuviera mi lectura y me hiciera pensar a quién o a qué me estoy pareciendo?
Soy madre de tres hijos y cuando estaba embarazada imaginaba a quién se iban a parecer, qué características mías o de su papá iban a tener. Uno de ellos (que es gemelo con otro) siempre está haciendo las cosas que hace su papá, le encanta ver cuando su papá trabaja con carros y hasta tiene una caja de herramientas de juguete. Me gusta ver la cara de mi esposo cada vez que el niño hace algo que se parece a él, o cuando escucha a los otros dos decir que quieren hacer tal o cual cosa como su papá. El brillo en los ojos de mi esposo es indescriptible. Deseamos ser el modelo perfecto para que ellos imiten nuestra conducta y sean un reflejo nuestro.
Nuestro Dios, que es nuestro Padre anhela que nos parezcamos a Él, pues cuando nos creó, nos dio sus características, las que perdimos a causa del pecado, pero que a través de Jesús las podemos obtener nuevamente.
Si realmente Jesús es lo primero en mi vida y tiene toda mi adoración, me parezco a él? Si partimos del punto que la adoración es un estilo de vida, cómo la estoy llevando? A quién quiero agradar y qué ocupa el primado? Mi esposo?, mis hijos?, mi trabajo? El ministerio? Mis amigos? El dinero?
Muchas veces pasamos nuestra vida tratando de agradar y complacer a alguien, tratando de sobresalir porque deseamos parecernos a eso que queremos agradar, se nos olvida que nada ni nadie nos va a dar valor, nuestra valía está en Jesús. Moisés pasó mucho tiempo cerca de Dios, pasaba días ante su presencia y cuando bajaba del monte su rostro brillaba, la imagen de Dios quedaba grabada en él, y ni siquiera se daba cuenta. Esto me hace pensar que lo más importante para Moisés era estar en la presencia de Dios y no lo que podía obtener de Él.
Cuando Moisés descendió del Monte Sinaí con las dos tablas de piedras grabadas con las condiciones del pacto, no se daba cuenta de que su rostro resplandecía porque había hablado con el Señor(Exodo 34:29). Si queremos que Dios se vea en nuestras vidas, debemos pasar tiempo en el lugar secreto, en Su presencia, a solas, buscando Su rostro, deseando ser como Él.
Quisiera saber que los ojos de mi Padre brillan cuando hago algo que se parece a Él. Recuerda amiga lo que leí en mi libro y me cautivó: “Nos volvemos conforme a la imagen de aquel a quien adoramos.”
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