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Oremos Juntos

  • Joydi Michelle
  • 4 ene 2018
  • 2 Min. de lectura

No es la primera vez que oro junto a mi esposo. Pero en ésta ocasión fue diferente. Mientras me preparaba para ir a la cama a dormir sentí en mi corazón orar con él. Debo confesar que cuando oro con mi esposo normalmente oramos por una situación actual que estamos atravesando, por la enfermedad de algún ser querido o familiar; oramos por situaciones de nuestras amistades; por nuestro matrimonio, nuestros hijos, nuestra salud. Tu sabes, la lista de oración que toda pareja tiene en común. Pero esa noche no oramos por esa lista.


Dios había puesto en mi corazón preguntarle a mi esposo cómo iba con sus metas de este año, sus sueños, éxitos. O si había alguna frustración de la cual estaba ajena.


Creo que Dios me vio muy envuelta con los quehaceres y la rutina diaria que no me percataba que hay algo más importante que los quehaceres y nuestras rutinas… ¡Nuestra relación con nuestra pareja! Esa relación no debe ser basada únicamente en conversaciones de finanzas; de cómo pagaremos las facturas, los estudios de los chicos, o qué vamos a comer. Sino que también debe ser basada en cómo nos ocupamos uno del otro para podernos guardar correctamente en oración.


Así que me fui a la cama, y le dije a mi esposo lo que había sentido en mi corazón. Le hice varias preguntas y él me hizo las mismas. Y allí acostados en nuestra cama conversamos alrededor de una hora. Conversamos de sus frustraciones, de las mías. De sus sueños, y de los míos. De las metas que nos habíamos propuesto para este año; cuáles se habían cumplido y cuáles no. Qué podíamos mejorar o cambiar; expusimos nuestras perspectivas de nuestras preocupaciones. Y luego de un tiempo comenzamos a presentarle a Dios todo lo que habíamos conversado. Para ambos fue un tiempo de refrigerio.


Saber que tienes a alguien a tu lado que pueda escucharte, y no juzgarte por tus frustraciones es un alivio para nuestra alma. Nos envolvemos tanto en los problemas de otros, en las opiniones grupales; en los quehaceres que se nos olvida hacer un alto y conversar con nuestra pareja para saber cómo esta. Automáticamente pensamos que a pesar de ciertos percances se encuentran bien, que cada uno debe lidiar con sus frustraciones, y no somos sensibles a sus sentimientos.


Cuando oramos con nuestro esposo, hijos, o una mejor amiga debemos hacer que nuestra oración sea eficaz, pero ¿cómo lo hacemos si no le damos la oportunidad a que genuinamente expongan sus preocupaciones porque estamos tan envueltas en nuestro propio mundo?


Es por eso que quiero invitarte a que tomes un momentos durante ésta semana y hagas el mismo ejercicio. Habla con tu pareja, o con tus hijos. Y si no tienes esposo, ni hijos entonces conversa con una mejor amiga. Pregúntale; averigua cómo esta; cómo se siente. Que la conversación no sea una superficial. Toma tu tiempo, escucha, atiende, no juzgues para que al finalizar la conversación puedas decirle: Oremos Juntos


De esa manera podremos dirigir nuestra oración

correctamente y la misma podrá tener resultados maravillosos.

Confesaos vuestras ofensas unos a otros, y orad unos por

otros, para que seáis sanados. La oración eficaz del justo puede mucho.

(Santiago 5:16)


 
 
 

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